Los bosques del karst

 EL HAYEDO Y EL ENCINAR EN CANTABRIA

DESCRIPCIÓN GENERAL DEL HAYEDO Y EL ENCINAR Y SUS BOSQUES EN CANTABRIA

Los hayedos son los bosques más característicos de Cantabria, superando las 38000 ha de extensión de bosque puro de hayas (Fagus sylvatica), a las que hay que añadir 11430 ha de bosque mixto de haya y robles (Quercus petraea y Q. robur) (IFN3*). Estos últimos se encuentran sobre todo en el ambiente de cañones o de fondos de valle húmedos, y es previsible que muchos de ellos acaben transformándose con el tiempo en hayedos puros debido a la fuerte competitividad con que se comporta el haya, excluyendo a otras especies arbóreas del territorio. IFN3*: Tercer Inventario Forestal Nacional (1997-2007)

Estos bosques presentan un estrato arbóreo denso, casi monoespecífico, que produce un ambiente muy sombrío, responsable de que apenas haya sotobosque y que condiciona la composición florística del estrato herbáceo. Éste se compone de plantas umbrófilas, muchas de ellas rizomatosas o bulbosas. El arándano (Vaccinium myrtillus), es una de estas matas, capaces de soportar las condiciones de oscuridad, y que además tolera la acidez que suele ser característica del horizonte superior de los suelos. Los hayedos se sitúan sobre suelos profundos y ricos en nutrientes.

El haya presenta una serie de características que le han permitido adaptarse a una amplia variedad de condiciones ecológicas presentes en el territorio de Cantabria:

El tronco, de corteza gris clara, es muy flexible, lo que le permite soportar el peso de las nieves durante sus primeros años, apareciendo éste acodado en su base en las laderas de fuerte pendiente. Las ramas dispuestas en zig-zag en su juventud, presentan hojas aisladas y agrupadas en braquiblastos cortos.

Las yemas son estrechas, alargadas y terminan en punta, estando recubiertas por unas escamas pardo-rojizas imbricadas y pegajosas. Éstas pueden soportar, en pleno invierno, temperaturas de 20-30º bajo cero, pero una vez germinados los brotes no soportan las heladas tardías. Las duras condiciones de las cumbres, que coinciden con el límite superior de los hayedos, afectan principalmente a los brotes apicales, lo que favorece el crecimiento de las ramas laterales y el aspecto tortuoso o postrado de las hayas de estas zonas.

Su sistema radical, muy desarrollado, profundiza poco, presentando unas raíces secundarias fuertes y muy ramificadas que captan el agua de los horizontes superiores del suelo y reciclan los nutrientes de la hojarasca.

El haya es un árbol caducifolio, en invierno pierde las hojas, lo que se relaciona con una adaptación a las bajas temperaturas que se registran en este periodo en las latitudes templado-frías. Sus hojas son simples, de color verde claro y tienen aproximadamente diez pares de nervios. Son muy finas y algo pelosas en el borde, especialmente en individuos juveniles, lo cual podría estar relacionado con un incremento en la transpiración del árbol y un mecanismo de defensa frente a las heladas tardías. Además las hojas se disponen horizontalmente, perpendiculares a los rayos solares, lo que genera una importante sombra. Llegan incluso a diferenciarse dos tipos de hojas: hojas de sol y hojas de sombra, con caracteres anatómicos y comportamiento ecofisiológico distinto, según la zona del árbol en que se sitúen y en relación directa con la insolación que reciben. Las hojas de sol son más pequeñas, coriáceas y con mayor número de nervios, así como más xeromorfas, es decir, con mayor número de estomas en el envés, que las hojas de sombra, que son mayores y mucho más delgadas. Por último, las hojas del haya contienen sustancias fenólicas que, una vez en el suelo, inhiben la germinación y/o el crecimiento de muchas especies. Ésto, junto con la acumulación de una capa más o menos gruesa de hojarasca, explican la relativa pobreza del estrato herbáceo del hayedo.

La floración y la foliación se producen a la par, a finales de abril o comienzos de mayo. Los frutos (hayucos) maduran en septiembre u octubre, siendo muy apreciados por la fauna silvestre.

Por su parte, los encinares abarcan poco más de 25000ha en Cantabria.

Según el criterio actual, existen dos subespecies de encinas, Quercus ilex subsp ilex y Quercus ilex subsp ballota (=Quercus ilex subsp rotundifolia), que engloban multitud de variedades, formas intermedias o transicionales entre ambas subespecies, y que son particularmente abundantes en las áreas geográficas en las que coexisten, como lo es la cordillera Cantábrica.

Las hojas de las encinas están adaptadas para resistir largos periodos de sequía, los propios del macrobioclima mediterráneo. Presentan cutículas gruesas bajo las que se alinean varios estratos epidérmicos, frecuentemente reforzados por esclerénquima. Los estomas se sitúan en el envés de las hojas, a veces alojados en cavidades, y normalmente presentan capas de pelos, escamas o ceras que reflejan la luz del sol, reduciendo el calentamiento. Estos pelos también ayudan a mantener la humedad de la hoja, dificultando así las pérdidas de agua. Todas estas características hacen que la eficiencia fotosintética de la encina sea baja, a pesar de contar con altos niveles de clorofila en sus hojas, lo que supone una menor capacidad de absorción de la luz solar. Por ello, a pesar de que los encinares presentan el doble de superficie foliar que nos hayedos no tienen diferencias significativas en la absorción lumínica. Al igual que las hayas, las encinas tienen dos morfologías de hoja, las hojas de sol y las de sombra: En las hojas de sol, situadas en la periferia de la copa, se aprecia una marcada lobulación que facilita la refrigeración y el intercambio de calor, además los estomas se mantienen cerrados cuando las hojas se calientan mucho, para reducir la transpiración. Además suelen ser más pequeñas que las hojas internas (hojas de sombra), que son más redondeadas, de bordes enteros y con menor recubrimiento aislante. Los encinares también presentan diferencias metabólicas según el momento del día, siendo reducida la actividad al mediodía, lo que se explica como una adaptación a ambientes de sobreabundancia de luz, propias del ambiente del bosque esclerófilo perennifolio.

FACTORES QUE HAN DETERMINADO LA SITUACIÓN ACTUAL DE LOS BOSQUES DE HAYEDO Y ENCINAR EN CANTABRIA

Las formaciones de hayedo y encinar que están presentes actualmente en el territorio de Cantabria son el resultado de una serie de factores que han actuado sobre su desarrollo a lo largo del tiempo, entre los que cabe destacar el clima, el suelo, el relieve y la acción antropógena. No menos importantes son los patrones que rigen la relación entre los distintos taxones (mecanismos de reproducción, escalas de tolerancia, etc), así como otras cuestiones relativas a la biogeografía, como la migración de los taxones a lo largo del tiempo.

La Comunidad Autónoma de Cantabria se ubica en el norte de la península Ibérica, más concretamente en el sector centro-oriental de la cordillera Cantábrica. Su situación en el límite de las dos grandes áreas fitogeográficas de la península Ibérica, la región eurosiberiana y la mediterránea, así como su particular orografía, que transcurre desde el nivel del mar hasta los 1600 m.s.n.m., son la causa inicial de la presencia de una rica y compleja variedad de tipos de vegetación, que a posteriori ha estado fuertemente influida por las perturbaciones ambientales causadas por el hombre (fuego y pastoreo, entre otras). A todo ello hay que sumarle la competencia interespecífica que se da entre las plantas coexistentes, especialmente reseñable en el caso del haya (Fagus sylvatica), que se comporta como una especie muy competitiva, capaz de excluir a otras especies de árboles de su área de distribución.

Los hayedos se sitúan en zonas con elevadas precipitaciones debido a sus requerimientos de agua, por ejemplo Saja, con 1500 mm, dado que el agua constituye un factor primordial para el funcionamiento del hayedo. En cuanto a su relación con los suelos, los hayedos parecen ser muy tolerantes, ya que prácticamente pueden desarrollarse en cualquier sustrato geológico. Aparecen a menudo sobre suelos fértiles y profundos, que ellos mismos generan por medio de una abundante acumulación de hojarasca, sin embargo, pueden encontrarse igualmente en suelos menos desarrollados. Aunque toleran un margen bastante amplio de ph (4-8,5) su óptimo parece situarse entre 6 y 8. Los hayedos más completos se encuentran sobre suelos pardos profundos. En la cordillera Cantábrica los hayedos aparecen en laderas de fuerte pendiente sobre suelos rendziniformes. Se trata de un a zona de precipitaciones abundantes y bien distribuidas, en la que las nieblas son habituales.

Los encinares cántabros se localizan en estaciones rocosas de muy difícil acceso, lo que les ha permitido sobrevivir a lo largo del tiempo a la presión ejercida por el hombre, permaneciendo muy bien conservados. Además, su adaptación a un estrés climático múltiple, que se traduce en una alta eficacia en la utilización de los nutrientes limitados, supone una ventaja competitva respecto a los caducifolios invernales, como el haya. Es el caso de los encinares relictos cantábricos que habitan sobre los suelos calcáreos de los cuetos, como el monte Buciero en Santoña.

BREVE HISTORIA DE LA FORMACIÓN DE LOS BOSQUES DE HAYAS Y ENCINAS EN CANTABRIA

En Cantabria encontramos tres tipologías de hayedo:

En la zona occidental (Deva, Cabuérniga, Besaya) aparecen los hayedos del tipo acidófilo, donde la especie domina sobre el resto, apareciendo tan sólo otras especies arbóreas en las zonas de menor cobertura. Podemos encontrarlos próximos a la costa, por ejemplo, en el monte Corona (la Hayuela), aunque la mayoría se encuentran entre los 700 y los 1200 m. En Liébana suponen casi la mitad de las formaciones boscosas, expulsando al roble de las umbrías y ascendiendo hasta los 1500 m de altitud, en zonas de abundante nieve.

En el sector oriental se desarrollan sobre sustratos calizos, y aparecen junto a otras especies como (Tilia platyphullos y T.cordata) u olmos de montaña (Ulmus glabra). En zonas próximas a la costa, que presentan roca más fisurada, de morfologías kársticas, los hayedos llegan a entrar en contacto con el encinar litoral, como sucede en el monte Solpico (macizo de Candina) o en el valle del Asón. Las extensiones mayores de hayedo en las comarcas orientales se encuentran en la vertiente norte de la sierra del Hornijo, en la Porra de Mortillano y al pie de los cortados rocosos, desde peña lusa hasta el cauce del Asón.

Por último, los hayedos rupícolas localizados sobre calizas de la cordillera Cantábica (páramos de Lora), en el extremo sur de la región, resultan ser los que presentan un mayor peso de taxones mediterráneos, incluidos algunos endemismos ibéricos. En ellos vemos a la especie acompañada de un cortejo florístico inusual, por ejemplo en las laderas de solana medra la sabina negral, Juniperus phoenicea.

Los encinares en Cantabria se presentan como encinares costeros (o encinares basales), en los que aparece la subespecie Quercus ilex subsp ilex, y los encinares de corte continental, como los carrascales de la Lora (Q.ilex subsp ballota = Q.ilex subsp rotundifolia) sobre sustrato calizo, o los más mediterráneos de Liébana, sobre sustratos ácidos. Entre éstos destacan los de Valmeo en el valle de Cereceda, y los de Cillorigo, en Allende y Lebeña, así como los encinares que aparecen sobre las calizas del entorno del desfiladero de la Hermida, en Argüezo.

En la zona central y oriental de Cantabria, en macizos calizos y dolomíticos, así como en las laderas de las sierras planas del extremo occidental, existe un bosque mixto de especies perennifolias (encinar cantábrico) dominado en apariencia por la encina (Q.ilex subsp ilex), pero que comparte su territorio con otras especies que llegan a dominar localmente: laurel (Laurus nobilis), alaterno (Rhamnus alaternus), agracejo (Phyllirea latidolia), madroño (Arbutus unedo), etc. De forma más esporádica se presenta el acebuche (Olea europaea var sylvestris), que en algunos acantilados calcáreos llega a formar arbustedas en laderas de solana protegidas de los vientos marinos. Algunos ejemplos se encuentran en la desembocadura del Deva en las tinas, o el monte Buciero en Santoña.

BIBLIOGRAFÍA

Blanco Castro, et al. <<Los bosques Ibéricos. Una interpretación geobotánica>> Planeta 4ª edición (2005)

Ezquerra Boticario, F. J., Gil Sánchez, L. <<La transformación histórica del paisaje forestal en la comunidad de Cantabria>>Tercer Inventario Forestal Nacional (1997-2006)

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