Nacimiento del río Clarón

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Conservación del patrimonio subterráneo.

Tomado de la Sociedad de Ciencias de Aranzadi.

Amenazas al medio subterráneo:

Contaminacion orgánica.

 En 1894, MARTEL fue el primero en establecer de visu la existencia de una extensa polución orgánica en redes kársticas, causada por el uso de sumideros como vertederos de desechos o para la descarga de aguas residuales. A pesar de las medidas legislativas tomadas en muchos países para prohibir tales prácticas, la polución de las aguas subterráneas continúa. Lo esencial del karst es que éste constituye un sistema de drenaje subterráneo. Las aguas kársticas no tienen capacidad de autodepuración o filtración; si una parte de las aguas que ingresa está contaminada, lo único que puede hacer el acuífero kárstico es diluir el contaminante en el volumen total, pero no elimina las sustancias contaminantes ni las depura. Por ello se trata de zonas de máximo riesgo, que deben estar sujetas a medidas de protección especial, tal como lo recomiendan las normas de los organismos internacionales de salud.

 Contaminación por metales pesados.

La contaminación del agua por metales pesados es de reciente origen y está conectada con el desarrollo de la industrialización y transporte. Obviamente, los sitios kársticos no escapan a este problema.

Contaminación por productos químicos, fertilizantes y pesticidas.

 Las áreas kársticas son especialmente sensibles a la contaminación por productos químicos, fertilizantes y pesticidas, ya que carecen de la capacidad de autodepuración o filtrado. Hidrológicamente las áreas situadas por encima del karst o que drenan hacia él encierran el mayor potencial para contribuir a la contaminación del ecosistema kárstico. Las actividades humanas en estas áreas sensibles, tales como la aplicación de pesticidas y fertilizantes para el agro, los efluentes de aguas negras y agro-ganaderos y los efluentes urbanos e industriales, pueden todos ellos contaminar gravemente el ecosistema kárstico. Para minimizar la posibilidad de introducir contaminantes lo mejor es minimizar en tales áreas el impacto de las actividades humanas. El conservar la vegetación natural es también un recurso que sirve como tampón para minimizar este impacto, a la vez que actúa en la preservación del ecosistema hipógeo ante cambios hidrológicos, de temperatura y humedad.

 Deforestación.

 La deforestación en superficie tiene un importante efecto sobre el ecosistema subterráneo. CAUMARTIN (1977, 1986) ha mostrado que en tales casos es frecuente un incremento de la sequía subterránea; la materia orgánica es transportada por las corrientes de aire y se deposita sobre el film de agua que recubre paredes y espeleotemas; ésta suele ir acompañada por pólenes, esporas y bacterias. En estas condiciones, aunque no es visible, se desarrollan procesos de fermentación muy activos, produciéndose ácidos orgánicos los cuales son neutralizados a expensas del sustrato calcáreo; el dióxido de carbono también es producido y disuelto en el mismo sustrato. La consecuencia de ello es la destrucción de vida cavernícola y el desecamiento y corrosión de espeleotemas. A largo plazo y dependiendo de las condiciones de alteración los efectos sobre la fauna troglobia pueden ser notorios.

 Los autores añaden que en la mayoría de cavidades, la parte principal de los intercambios de aire se produce por infiltración difásica (masas de aire que acompañan al agua de infiltración), y que los cambios en las características de la infiltración, alteran también los intercambios de aire, y por tanto, la atmósfera subterránea. Las perturbaciones en superficie generalmente producen aridez subterránea, pero también pueden ir acompañadas de un incremento de condiciones alternantes, donde a períodos áridos siguen eventos catastróficos de fuerte infiltración y transporte de sedimentos. Tanto las fases áridas como las húmedas alcanzan valores mucho más altos que los de las oscilaciones previas a la alteración de la cubierta vegetal (y suelos) en superficie. Debido a la falta de luz y de fotosíntesis, el ecosistema cavernícola es casi enteramente dependiente de las comunidades de plantas y animales que viven en la superficie. Las cuevas reciben nutrientes desde la superficie en forma de hojarasca, madera y otros detritos vegetales que son lavados por las aguas de infiltración o que ingresan a través de las bocas de simas y fisuras por gravedad. También constituye un aporte las raíces de árboles y plantas vasculares. La fauna troglóxena viva, sus huevos, larvas, residuos y cuerpos muertos, constituyen un componente trófico de origen animal. Muy diversos invertebrados epígeos (moluscos, opiliones, araneidos, dípteros, lepidópteros, tricópteros, coleópteros) y vertebrados como quirópteros, diversas especies de herpetofauna y pequeños mamíferos que tienen sus madrigueras en la zona de entrada, aportan a su vez nutrientes. Para sostener el ecosistema hipogeo es por tanto necesario mantener unos saludables ecosistemas en superficie. En este sentido la deforestación o alteración de la cubierta forestal constituye una grave amenaza, ya que priva a las comunidades cavernícolas de muchos recursos vegetales y animales.

 Perdida de nutrientes.

Entre los atributos esenciales del ecosistema hipogeo que conducen a su poblamiento por invertebrados se incluyen una alta y relativamente constante humedad relativa, una escasa variación térmica, y una cierta entrada de energía en forma de nutrientes (HOWARTH, 1983). La disponibilidad de nutrientes y humedad son factores críticos limitantes que permiten o no a la fauna del karst ocupar los ambientes terrestres. Las adaptaciones a una alta humedad relativa y a una baja disponibilidad de nutrientes son comunes entre los troglobios (BARR,1968; HOWARTH, 1983). Con la excepción de algunos oligoelementos y vitaminas sintetizados por bacterias quimio autótrofas, casi toda la energía trófica en cuevas es importada desde el exterior.

Las entradas de energía a través de la boca de las cuevas se produce principalmente vía especies epígeas que ingresan activamente a las zonas de entrada, incluyendo quirópteros, y por medio de la materia orgánica lavada en forma pasiva desde el suelo superior en las áreas cercanas a las bocas. La llamada fauna troglóxena constituye un aporte energético muy importante para la alimentación de troglófilos y troglobios. En zonas más profundas de las cuevas, la entrada de energía se produce primariamente a través del agua de infiltración, la cual contiene materia orgánica disuelta.

Este agua percola verticalmente a través del karst siguiendo las fisuras ampliadas por disolución. Cualquier incremento de la cobertura del karst que impermeabilice su superficie, tal como construcciones y urbanización, tiene por resultado que disminuya la percolación y como consecuencia produce un efecto detrimental que afecta al régimen de humedad y al input crítico para las especies troglobias. La alteración de la vegetación y suelos sobre la superficie, como en los casos de tala, deforestación y erosión, disminuye también el ingreso de nutrientes, ya que elimina fauna troglóxena y disminuye la cantidad de materia orgánica que puede ser transportada por las aguas de percolación.

Los quirópteros que frecuentan cuevas constituyen un importante input de nutrientes para el ecosistema hipogeo; ellos se alimentan en superficie, pero aportan a las cuevas materia orgánica en forma de guano y también de cadáveres de individuos que mueren en ellas. Este último aporte suele ser importante en especies coloniales en período de cría, cuando la mortalidad puede ser alta. El abandono de las cuevas por quirópteros que son molestados en ellas, o su declinación al ser destruidos en superficie por otras causas (uso de insecticidas y plaguicidas), priva a las cuevas de cierta cantidad de nutrientes, en ocasiones importante. Esto afecta indirectamente a la supervivencia de las especies troglobias.

 Enriquecimiento de nutrientes.

Ha sido sugerido que algunas contaminaciones orgánicas y la introducción de basura, residuos y restos orgánicos en las cuevas, podría beneficiar a los cavernícolas, al constituir un enriquecimiento del medio con nutrientes. Los datos de campo parecen demostrar lo contrario. Las cuevas son ambientes ampliamente oligotróficos, con escasez de nutrientes, y los cavernícolas han desarrollado adaptaciones para este único ambiente. A largo término, el ingreso artificial de nutrientes en el ecosistema kárstico beneficia a especies oportunistas, predadores y competidores de los troglobios, rompiendo el balance natural del ecosistema y eliminando o afectando negativamente a las poblaciones troglobias.

El enriquecimiento promueve, entre otros, el crecimiento de cianobacterias, lo cual perturba la abundancia y distribución de las especies en las cuevas (POULSON, 1976).

 Acción bacterial.

 La producción primaria en el ecosistema hipogeo es muy reducida, pero cualitativamente importante, y está restringida a la actividad quimio sintética autótrofa de algunos grupos de bacterias. Normalmente en las cuevas pueden encontrarse bacterias autótrofas y heterótrofas. Las bacterias heterótrofas proceden de la superficie y necesitan materia orgánica para su desarrollo. Las bacterias autótrofas son autóctonas y su desarrollo sólo depende de los materiales inorgánicos contenidos en las cuevas. Estos dos tipos de poblaciones, una exógena y heterotrófica, y otra endógena y autotrófica, no son halladas juntas. En presencia de materia orgánica se desarrollan formas heterótrofas, mientras que las autótrofas son eliminadas por ser muy sensibles a las modificaciones en el equilibrio químico (DUDICH, 1933; CAUMARTIN, 1957, 1959).

Las bacterias autótrofas nunca son halladas en medios contaminados con materia orgánica (MANSON WILLIANS & BENSON EVANS, 1958; WINOGRADSKY, 1949). Las bacterias autótrofas son capaces de producir en oscuridad total la síntesis de materia orgánica nueva, ya que gracias a su especial metabolismo obtienen energía de la oxidación de compuestos inorgánicos; su papel más importante en el ecosistema hipogeo reside en su capacidad de sintetizar factores de crecimiento, vitaminas y oligoelementos, indispensables para la dieta de los troglobios y que éstos no pueden obtener  por otros medios (GOUNOT, 1960; VANDEL, 1965).

La contaminación orgánica por aguas residuales y la siltación normalmente van acompañadas por el ingreso de grandes números de bacterias heterótrofas epígeas. Estas desplazan a la biota quimio autótrofa de la cueva e introducen un fuerte desbalance trófico, el cual elimina a las poblaciones troglobias.

Invasión por especies exóticas y plagas.

 El enriquecimiento de cuevas con nutrientes exógenos puede acarrear la introducción de bacterias y hongos asociados a los vertidos, así como otros invertebrados tales como gusanos tubifícidos, lombrices, milpiés, chinches y otras especies exóticas.

invasión por especies oportunistas, predación y competencia.

Los vertidos, desechos y efluentes que introducen materia orgánica en cuevas facilitan el movimiento de especies invasoras, como hormigas, pero también el de otras especies competidoras, como cucarachas, chinches y coleópteros oportunistas (que habitualmente no acceden a cuevas). Las especies invasoras, nativas y no-nativas, compiten con los cavernícolas directamente, ya que utilizan los mismos alimentos y usan los mismos hábitats; también pueden competir indirectamente, usando recursos que necesitan las especies troglobias,

Foto de Francisco J. Peso Sierra

Desbalance ecológico.

El balance entre las diversas especies que habitan en una cueva es una ecuación de equilibrio delicado. Los estudios efectuados en poblaciones insulares han demostrado que las poblaciones limitadas y aisladas tienen una sensibilidad incrementada, y muchas áreas kársticas pueden ser consideradas desde un punto de vista ecológico como muy pequeñas islas. El balance ecológico puede ser alterado o trastornado por una amplia variedad de modos. Los detritos orgánicos dejados en una cueva pueden permitir a ciertas especies incrementar grandemente su número; cuando han dispuesto de los detritos pueden invadir, atacar o competir con más fuerza que antes a otros habitantes de la cueva debido a su mayor número; las especies más débiles pueden resultar exterminadas antes de que un nuevo balance sea restaurado. Si ocurre una exitosa invasión de una nueva especie, ésta puede entonces predar sobre otras especies previamente existentes o entrar en competencia con las especies existentes.

Sobrepresión.

El impacto de las visitas humanas sobre la vida cavernícola es en la práctica inapreciable, con la excepción de cuevas turísticas y cuevas en las que se instala luz o se producen modificaciones permanentes tales como el cierre o apertura de nuevas bocas, las cuales pueden cambiar los parámetros climáticos. En cuevas que reciben turismo masivo, como p.ej. Cueva Castellana -en Italia- con 400.000 visitantes/año o las Cuevas de Postojna -Yugoeslavia- con hasta 12.000visitantes/día y más de un millón de visitantes/año, el impacto puede ser notorio.

El término sobrepresión se refiere a la visita excesiva de humanos a cuevas. Aparte de las cuevas turísticas, donde la sobrepresión es muy elevada, ésta también puede ocurrir en cuevas no-turísticas por exceso de visitas. En países como Gran Bretaña, con 20.000 exploradores de cuevas, la excesiva frecuentación de algunas cuevas ha ocasionado daños sobre el medio físico, particularmente la destrucción de espeleotemas. En Francia hay 30.000 espeleólogos federados, pero el número de excursionistas que visitan cuevas es mucho mayor, pudiendo afirmarse que más de 60.000 personas frecuentan cuevas con cierta regularidad (sin contar cuevas abiertas al turismo). Esta sobrepresión plantea problemas de degradación del medio subterráneo, de más o menos largo término, en las zonas kársticas más visitadas.

Sin llegar a los extremos anteriores, diversos cambios pueden ser introducidos por visitas continuas a cuevas de fácil acceso. Aparte de la común práctica de los seres humanos de dejar basura y desechos por todos lados, o de destruir espeleotemas por afán coleccionista o por puro vandalismo, cambios menos fáciles de percibir son producidos por frecuentes visitas. El disturbio continuado puede producir la pérdida de hábitat para algunas especies crípticas, por compactación del suelo y cambios en las condiciones micro climáticas.

Vandalismo.

La destrucción deliberada de partes de un sitio por puro placer o ganas de hacer daño es común en el mundo. Las cuevas no escapan a ello.

Existe también la destrucción de espeleotemas por razones económicas. Las cristalizaciones tienen cierto valor en el mercado de coleccionistas amateurs y para los turistas. Existen muchos ejemplos en el mundo de raras y bellas espeleotemas destruidas de este modo o por puro vandalismo. Asociado al vandalismo suele estar el dejar desechos tóxicos, como pilas y baterías alcalinas, y basura de distinto tipo.

Aunque el vandalismo en sí no es algo que pueda afectar directamente a los troglobios (aunque sí a especies troglóxenas como quirópteros, que habitualmente desaparecen de las cuevas muy visitadas), el impacto indirecto yasociado al mismo (disminución del aporte de nutrientes representado por troglóxenos, compactación del suelo, abandono de basura y pilas, invasión de especies oportunistas, eliminación de algunos biotopos claves para la reproducción tales como gours, etc.) va sumando perturbaciones y produce cambios graduales, difíciles de detectar, pero que a la larga inciden en la dinámica poblacional de los troglobios.

Canteras, obras civiles y carreteras.

La explotación industrial de la roca calcárea resulta en la destrucción completa de algunos sitios kársticos. No sólo las cuevas, sino el conjunto del macizo es destruido. Hay muchos casos reportados de canteras que han destruido el hábitat conocido de algunas especies troglobias. De igual modo han sido destruidos ricos yacimientos paleontológicos.

Las canteras y la construcción de carreteras han destruido completamente muchas cuevas y la fauna que éstas albergaban. No obstante existen casos en que estas construcciones han puesto al descubierto cuevas con interesantesespecies troglobias o con ricos yacimientos paleontológicos.

Foto: Ecologistas en Acción

Fragmentación del hábitat y aislamiento.

El aislamiento de cuevas y áreas kársticas por deforestación, desarrollos agrícolas, construcción de carreteras, represas y canteras, ha sido poco citado en la literatura científica, pero es relativamente común. Puede deberse a la creación de barreras para la fauna debido a alteración del input hidrológico (barreras áridas), pérdida de nutrientes por cambios de vegetación que eliminan troglóxenos (barreras tróficas), y muchos otros factores que fragmentan el área kárstica al introducir cambios de modo desigual (vertidos locales, siltación, canteras).

Las grandes canteras normalmente destruyen muchas cuevas y, además, pueden ir creando barreras para el desplazamiento de la fauna en el endokarst; la fragmentación también puede deberse a la desigual deforestación de la superficie del karst (O ́DONNELL et al., 1994; VENI, 1987).

La elevada contaminación de los ríos superficiales aíslan la fauna acuática de macizos y zonas en continuidad geológica, ya que los troglobios no pueden vivir ni desplazarse a través de las zonas contaminadas de los acuíferos. Igualmente la aridificación del hábitat hipogeo por deforestación y la pérdida zonal de nutrientes pueden fragmentar el hábitat. Las especies troglobias tienen un área de distribución en general muy reducida y la fragmentación del hábitat puede llevar a situaciones críticas, donde los efectivos de una población vean reducidos sus números hasta valores tan bajos que dificultan la inter reproducción y acaban causando la extinción. Aunque a menudo faltan datos para probar que la extinción de troglobios ha ocurrido, muchos bioespeleólogos tienden actualmente a pensar que las extinciones debidas a aislamiento han sido muy comunes, como lo prueba indirectamente la extrema rarefacción de muchas especies, sólo conocidas por muy pocos ejemplares. Las especies endémicas, sobre todo cuando están circunscriptas a pequeñas áreas de karst, muy probablemente están en grave situación de amenaza.

Sellado y apertura de bocas.

La apertura de grandes segundas bocas puede alterar severamente la meteorología de una cueva, afectando a los troglobios. Además, puede también obligar a los quirópteros a abandonar una cueva.

El sellado de bocas y fisuras del karst con hormigón o asfalto, para el desarrollo de construcciones sobre zonas kársticas, impide la entrada normal de agua al acuífero. Tal alteración o bloqueo del drenaje natural puede producir el secado de parte del hábitat y normalmente también va acompañado por la eliminación del input de nutrientes, que obviamente afecta a la fauna troglobia.

El sellado puede afectar mucho a la fauna cavernícola. Existen incluso casos de puertas de reja, mal diseñadas, que han ocasionado la muerte de colonias de quirópteros. También ha sido observado en cuevas con varias entradas que el sellado de una de ellas depaupera la fauna en ese sector de la cueva.  El sellado por supuesto ocasiona también que cese la entrada de troglóxenos, con lo cual el ecosistema se depaupera por escasez de nutrientes.

En el extremo opuesto, la actividad minera -una vez cesada la explotación- deja galerías subterráneas susceptibles de ser habitadas por quirópteros y por fauna troglobia. La explicación de esto último reside en que las galerías de mina pueden interceptar fisuras y meso cavernas habitadas por troglobios (GALAN et al., 2004). El microclima y el ambiente subterráneo de muchas minas puede ser similar al de cuevas naturales, incluso con inusuales desarrollos de espeleotemas (GALAN, 2003; GALAN & LEROY, 2003).

Disturbio, muerte, sobrecolecta y predación.

La amenaza más obvia reside en la vulnerabilidad de los cavernícolas. Muchas especies cavernícolas son extremadamente limitadas en número. Segundo, muchas especies de cavernícolas tienen requerimientos climáticos y de otros parámetros ambientales extremadamente limitados. Por ello la captura intensiva o la muerte de individuos mediante contaminación o trampas permanentes puede ocasionar la extinción de especies troglobias. Esto también puede ocurrir por disturbio continuado del hábitat subterráneo.

Ruta de senderismo recomendada: Ruta circular a la Fuente El Cagigo

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